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Leona elige a sus hijos y deja atrás el amor de David y Gael: repasamos los mejores momentos del último capítulo
Ni Gael ni David. Leona toma la decisión más importante de su vida y apuesta por empezar de cero junto a Ana Julia y Benjamín en un desenlace cargado de emoción.

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Leona rechaza casarse con David y abandona la iglesia acompañada de Ana Julia y Benjamín. Gael sale tras ella y le pide que vuelva a casarse con él para formar una familia junto a sus mellizos. Pero Bravo ya ha tomado una decisión: no necesita a un hombre a su lado para ser feliz, sino a sus dos hijos. "Ellos son mi amor invencible", le afirma al empresario.

Leona, o mejor dicho, Marena Ramos, regresa a Puerto Palma, el lugar donde nació y creció. Allí lleva a sus hijos a la playa en la que vendía sus "pescaditos dorados", un rincón lleno de recuerdos que desea compartir con ellos.
Marena habla con sus hijos de Jacinta y Camila y se muestra profundamente agradecida por haberlos educado con valores. Tampoco olvida a David y a Gael, dos pilares fundamentales en sus vidas.

Sin embargo, hay alguien que sigue perturbando su paz: Ramsés, que continúa en libertad. Marena siente que su misión de justicia no ha terminado. Con la ayuda de David, Gael y la policía, organizan un operativo para detener al patriarca de los Torrenegro. El que fuera amante de Columba mantiene a varias chicas retenidas en un barco, pero la policía llega a tiempo para impedirlo.
Ramsés intenta huir del cordón policial y Leona va tras él. Consigue reducirlo disparándole, pero no acaba con su vida gracias a Ana Julia y Benjamín, que logran detenerla. Sin embargo, el marido de Josefa contrae una grave enfermedad contagiosa que le provoca dolorosas llagas por todo el cuerpo.

En el desenlace final, Leona se reúne de nuevo con Gael y David en la playa donde compartieron su infancia. Allí les confiesa que ambos han sido fundamentales en su vida. A David, o mejor dicho, a Adrián, le reconoce que ha sido el mejor cómplice que la vida le ha podido regalar. Y a Gael, que fue su primer amor y que siempre será el padre de sus hijos.
En ese momento aparecen Ana Julia y Benjamín, que se han tatuado, él, un sol; ella, una luna, como su madre, y los tres se funden en un emotivo abrazo. Marena y sus hijos salen a navegar y ella no puede ser más feliz: ha recuperado lo que más necesitaba en su vida. Para ella, sus hijos son su verdadero "amor invencible".
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