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Así es el duro internado en el que está Elsa: normas estrictas y una vida sin comodidades
Aislada en plena sierra y bajo normas muy estrictas, Elsa se consciente de que su día a día en el internado va a ser un auténtico infierno.

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Elsa llega al internado de Creel, en Chihuahua, situado en plena sierra mexicana. Un lugar aislado, austero y completamente alejado de la civilización.
Nada más llegar, la recibe la madre superiora, una monja de carácter severo que no tarda en dejarle claras las normas. Le advierte de que cualquier incumplimiento se castigará con dureza.
A partir de ese momento, la hija de Estela deberá adaptarse a una estricta rutina: levantarse a las cinco de la mañana, asearse y acudir a rezar a la capilla antes del inicio de las clases.

Además, tendrá que colaborar en las tareas del campo y ayudar en la cocina cuando sea necesario. No podrá utilizar móvil ni tablet y solo podrá comunicarse con su familia los domingos.
Tras el primer encuentro, otra monja le muestra el internado. Elsa descubre un entorno sin ningún tipo de comodidad: se duchará con agua fría en un barreño, no hay espejos en ninguna estancia y su habitación carece de armario. Dormirá en una cama individual, vestirá siempre uniforme y solo dispondrá de una muda para cambiarse.
Durante las comidas, todas las alumnas se reúnen en silencioen el comedor, sin poder hablar entre ellas. En su primera cena, Elsa conoce a Rosa, una joven que se convertirá en su apoyo dentro del internado.

Aunque apenas lleva un día allí, la novia de Andrés ya es consciente de que su estancia en este lugar puede convertirse en un auténtico infierno.
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