Raimundo sabe que el sueño de su hijo es abrir una conservera. Lo que no ve con buenos ojos es que Francisca sea su inversora. Para el padre de Sebastián, la matriarca Montenegro ha sido la responsable de las penurias y desgracias de su familia y no quiere que su hijo trate con ella. Raimundo se siente traicionado por su hijo al hablar con la madre de Tristán a sus espaldas y le pide que abandone sus aires de grandeza.